La increíble experiencia de Mireia, una profesora de baile que haciendo 3 horas de clase de esquí, fue capaz de pasar de una cinta de debutantes a bajarse media estación de Baqueira Beret, girando, saltando y derrapando de vez en cuando. Os dejamos su experiencia que ha colgado en Facebook y os ponemos algunas fotos. Realmente nos ha retado a bailar a todo el equipo y comparar que es más difícil si bailar o esquiar, nosotros de momento le hemos regalado una sudadera y le hemos dicho que si nos graba unos vídeos lo intentamos, se nos va de las manos… Os dejamos su divertida experiencia:

Sólo me he puesto unos skis en la semana blanca del colegio, mi recuerdo de esa experiencia no es muy agradable, salí con la afirmación de que deslizarme por la nieve no era lo mío, de esto hace ya 13 años…

Hasta que el otro día me hicieron la propuesta de ir a esquiar. Claro, imaginar mi cerebro cuando me dicen, vamos a esquiar que te enseño. Me aparecen un sin fin de imágenes pasadas, intento de frenada en cuña con los esquís montados uno encima del otro diciendo, ¿por qué no frena? El árbol, que me como el árbol, Ay que estos chismes no frenan, que hago? ¿Pino o suelo? PINO O SUELO (gritando-me). Suelo, revolcón y contorsionismo. En fin… Después del cortocircuito interno digo: si claro, vamos a esquiar 🙄 y pienso, ¿por qué no volver a recibir una clase de esquí?.

Ya en la estación de Baqueira Beret, turno de enfundarse las botas, me descalzo un pie, lo introduzco en la bota y no entra, me pongo de pie, aprieto (todo lo “burra” que soy), no entra. Ahí es cuando me pregunto, ¿enserio vas a tener que pedir ayuda para ponerte una bota? Y si claro, el profesor, al verme como un pez trepando un árbol me ofrece su ayuda.

Vamos a por el forfait de mediodía dice.

Eso significa que tenemos que andar con unos aparatos rígidos que aprietan los pies y reduce la movilidad de tus tobillos. Y ahí va Robocop, intentando avanzar sin dar mucho el cante, puro estilo espantapájaros. Subiendo en una cápsula que llaman el huevo, rodeada de picos nevados, fuí trabajándome para dar lo mejor dentro de mis posibilidades. Vamos a la pista de iniciación.

-Ponte un ski me dice,

¿Que me ponga un ski? (repito)

Si, ponte un ski.

Los dejo en el suelo y se empiezan a deslizar hacia abajo despacito. Y yo, siguiendo el ski a la pata coja para calcular donde meter la punta y presionar el talón para que se ancle. Miro la cara del profe y esta tenía una expresión entre sorpresa y mofa. Con todo el respeto me explica como hay que orientar los skis para poder ponérmelos sin que se vayan.

– Ahora impúlsate e intenta mantener el equilibrio encima del ski.

Lo hago y aguanto 1 segundo y medio, tengo un equilibrio maravilloso 😂. Después de hacer unas breves pruebas coloco el otro y me ayuda a subir en una cinta transportadora, como la del supermercado que se ponen las cebollas, las latas de atún y así pero para personas. Miro al final de la cinta y…

¿Cómo quieres que salga de aquí con los dos esquís puestos? Que me voy a caer, como freno? No se frenar, se me montan los esquís, que haagooo??? 😨.

Tú tranquila, baja relajada y haz cuña.

Si, que fácil (pienso). Mi cabeza reproduce una imagen de una película de dibujos animados en la que varias personas van en una cinta transportadora y van cayendo de una en una al vacío. Llego al final y resulta que salgo bien, cosa que me alegró y motivó un poco.

Vale, ahora baja esta mini “bajada” haciendo cuñas.

Sin pensar lo hago, y me sale decente. -muy bien me dice, vamos a volver a hacerlo. Y me vuelve a salir.

Genial, vamos a ir a una pista.

Yendo a por otra cinta transportadora de humanos hay una cuestecilla y me dice, intenta girar haciendo esto, lo otro, blablabla, lo hago. La cara del profe es de sorpresa, entonces pienso que quizás lo estoy haciendo bien para no haberme puesto unos esquís hace varios años. Salimos de la probeta gigante y la aproximación a la otra pista la hago sin caerme. En ese momento realizo una introspección, analizo como me siento con los esquís, valoro sensaciones, y soy consciente de la forma física que dispongo. Me doy un chute de valor, y decido confiar en mis posibilidades de no terminar en el hospital.

Baja haciendo Zic Zac y gira haciendo cuña dice. La “pendiente” ya es algo más larga, cojo velocidad, la suficiente como para preocuparme un poco. En ese momento me viene a la mente la imagen de esquiadores bajando a toda leche, con los esquís muy juntos, haciendo una frenada como en paralelo. La intento imitar y creo que me sale porque el profe empieza a gritarme,

¿Has derrapado?, ¿no puede ser?, ¿has hecho un derrapaje en una hora?

¿Se llama derrapaje?, pues…creo que sí.

Increíble, esto es increíble, no sabes lo que acabas de hacer.

 

Sonrío y pienso, la verdad que no tengo ni idea. La reacción de él me motiva y mientras vamos a otra pista me explica técnica de giro. Frente a mí, una bajada corta pero pronunciada que me hace tragar saliva. Me limito a obedecer las recomendaciones y me lanzo. Muy rápido, mucha velocidad, no puedo parar, ay, voy a morir. Te quiero mamá. Ay, ay, me hostio, me hostio, me tiro. La posición que adquiero es buenísima si se tratara de un casting para el circo del sol.

– ¿Estás bien? (Dice con ligero tono de preocupación)

– (riéndome) si, la verdad que sí. Se acerca y su cara se desencaja al verme sentada en la nieve con los esquís hacia fuera y las rodillas juntas apoyadas en el suelo.

-¿Seguro qué estás bien?

– Si si de verdad.mueca de, me lo creo porque tú lo dices).

Intento levantarme, y no puedo, los esquís se van hacia abajo cuando los apoyo, desenredo no sé cómo las piernas, apoyo las manos en el suelo, saco el culo para afuera y con un grito rollo Hulk consigo ponerme en pie pero los esquís siguen deslizando, me voy para abajo, de nuevo en el suelo, esta vez una posición más cómoda.

– Vale, haz una cosa, cuando te levantes ponte de manera horizontal a la pendiente y apoya el canto de los esquís de tal forma que […] – hago caso y funciona. Salgo de ahí, y bajamos, pongo en práctica los giros que me ha enseñado a hacer, me siento cómoda, bastante más cómoda de lo que yo había imaginado antes de empezar. Al ver que voy progresando, en la última bajada va hacia unos baches de nieve, da un pequeño salto y cae. Le imito y flipo con la sensación que obtengo al separarse los esquís del suelo y caer más o menos bien. Me encanta. Hacemos otro mini salto, aquí ya me caigo, se me salta el esquí y un chico que ve el aterrizaje viene a ver si estoy bien.

-Si si, muy bien estoy gracias. No me queda otra más que partirme de risa, estoy disfrutando muchísimo. Y poco a poco vamos bajando hacia el parking, las tres horas de clase se han pasado volando. El profe contento me da la enhorabuena por el progreso tan fugaz que he hecho.

– ¿Hay diploma ahora? le digo, y nos reímos.

He vuelto a comprobar que la actitud positiva y luchadora ante cualquier dificultad da buenos resultados. Y si el profesional que te enseña sabe trasmitir sus conocimientos, el aprendizaje puede ser muy bueno.

Así como pequeña anécdota he de decir que salí muy motivada de la clase de iniciación, un par de días después fui con una amiga a esquiar, ella hace snow, nada que ver…

Primera bajada y se lanza como un relámpago, imposible seguirla, bajo la pendiente y me pierdo entre tanto palito, vallas y cruces, termino en un telesilla algo lejos del de debutantes, no puedo subir, así que me quito los esquís y andando voy al que corresponde. Está esperándome, le cuento lo que me ha pasado, me pongo los esquís, montamos en el telesilla y de esto que noto mi pierna derecha como muy relajada, miro, no llevo el ski, se ha caído… en fin…

Hay algunas cosas que no tienen remedio pero de lo que estoy segura es que volveré a esquiar. Gracias Escuela Emotion por enseñarme y hacer que quiera seguir aprendiendo.

 

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